Japón pide a OpenAI detener violaciones de copyright en anime y manga
La empresa detrás de ChatGPT está en el ojo del huracán después de que su nueva herramienta de generación de video, Sora 2, se llenara de contenido que, básicamente, copia anime y manga japonés sin ningún tipo de permiso.
El asunto no es menor. Minoru Kiuchi, ministro de Estado para la Estrategia de Propiedad Intelectual de Japón, no anduvo con rodeos. Durante una conferencia de prensa del Gabinete, dejó bien claro que el anime y el manga son «tesoros irremplazables de los que Japón se enorgullece ante el mundo».

Sora 2 y la pesadilla del copyright
Pero vamos por partes. ¿Qué es Sora 2 y por qué está causando tanto revuelo? Es una herramienta de inteligencia artificial que permite crear videos de hasta 20 segundos en alta resolución (1080p) con solo escribir unas instrucciones de texto.
Suena increíble, ¿verdad? El problema es que la plataforma tiene una capacidad casi mágica para imitar estilos artísticos y personajes específicos.
Apenas unas semanas después de su lanzamiento el 1 de octubre, las redes sociales se inundaron de videos generados con Sora que mostraban personajes icónicos como Mario, Pikachu, Goku y protagonistas de series como One Piece, Demon Slayer y Pokémon.
Todo esto sin autorización de sus creadores originales, claro está.

La polémica política de «opt-out»
OpenAI no se lo puso fácil a los titulares de derechos de autor. Al principio, la compañía implementó una política de «opt-out» que básicamente ponía la carga en los propietarios de contenido.
Si no querías que tu personaje o estilo artístico apareciera en Sora, tenías que notificarlo explícitamente a OpenAI. Imagínate: en lugar de pedir permiso primero, la empresa decidió usar todo lo que quisiera hasta que alguien dijera «oye, no».
La reacción fue inmediata y furiosa. Estudios de Hollywood, agencias de talentos como la Creative Artists Agency (CAA) y la Motion Picture Association (MPA) alzaron la voz. Incluso el propio CEO de OpenAI, Sam Altman, tuvo que dar marcha atrás y admitir que no esperaba una reacción tan fuerte de la comunidad.

Japón no está jugando
Para Japón, esto va más allá de una simple disputa legal. El anime y el manga no son solo productos culturales – son pilares de la identidad nacional y activos económicos vitales. Representan una de las principales exportaciones culturales del país y son parte fundamental de su estrategia de «Cool Japan».
Akihisa Shiozaki, vicesecretario general del Partido Liberal Democrático, fue aún más lejos. Sugirió que, si OpenAI no coopera voluntariamente, el Gobierno podría invocar el Artículo 16 de la Ley de Promoción de IA, que entró en vigor el 1 de septiembre.
Esta normativa le daría al Gobierno autoridad legal para solicitar investigaciones, informes y proporcionar orientación o asesoramiento a empresas de IA que cometan infracciones de derechos de autor.

OpenAI intenta apagar el fuego
Ante la presión, OpenAI ha empezado a cambiar su estrategia. La compañía anunció que dará a los titulares de derechos un control más granular sobre cómo se generan los personajes en Sora.
También está explorando mecanismos de reparto de ingresos con los propietarios de propiedad intelectual que opten por participar.
Además, implementó un formulario de disputas de copyright y prometió bloquear personajes que sean señalados por violaciones. Pero los críticos señalan que la aplicación de estas medidas sigue siendo incierta y que no se permiten solicitudes masivas de exclusión.

¿Qué viene ahora?
Por ahora, OpenAI se enfrenta a un dilema complicado. Japón no va a ceder en la protección de sus «tesoros irremplazables», y otros países podrían seguir su ejemplo.
La compañía tendrá que encontrar un equilibrio entre la innovación tecnológica y el respeto a los derechos de autor – algo que hasta ahora no ha logrado hacer de manera convincente.
Mientras tanto, creadores de contenido en todo el mundo están observando con atención. Si Japón consigue que OpenAI cambie sus prácticas, podría sentar un precedente importante para regular la inteligencia artificial generativa y proteger el trabajo de artistas y creativos.
La batalla apenas comienza, pero una cosa está clara: cuando se trata de defender su patrimonio cultural, Japón no está dispuesto a dar su brazo a torcer.
Fuente: The Verge



