México quiere fabricar chips, pero el camino es más largo de lo que predice el Gobierno
El sueño mexicano de los chips
Claro que suena bien, una fábrica de chips en México, producción nacional, menos dependencia del extranjero… pero la realidad es más compleja de lo que parece.
El doctor José Luis Jauregui, especialista en semiconductores y profesor en CETYS Universidad, lo dice sin rodeos: construir una industria de chips desde cero no es cosa de un sexenio.
Hablamos de proyectos que requieren entre 30 y 40 años de visión estratégica sostenida, no de promesas sexenales que se evaporan cuando cambia el gobierno.
A inicios de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció la creación de un centro de diseño de chips semiconductores y, más adelante, una planta de fabricación que estaría lista hacia 2030.
La intención es buena – muy buena, de hecho. Sin embargo, hay un pequeño detalle que no se puede ignorar: este tipo de industria demanda inversiones estratosféricas. Estamos hablando de más de $500,000 millones de dólares.
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La lección de Taiwán (que nos debería hacer reflexionar)
¿Cómo se convierte un país en potencia mundial de semiconductores? Pregúntale a Taiwán. Su historia comenzó en la década de 1970, cuando el gobierno taiwanés decidió diversificar su economía hacia la tecnología.
Pero el verdadero punto de inflexión llegó en 1987 con la fundación de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company – más conocida como TSMC.
¿El secreto? No lo hicieron solos. TSMC trabajó codo a codo con empresas asiáticas que proveían materias primas y componentes básicos, mientras que compañías europeas aportaban la tecnología de litografía necesaria para «dibujar» la microarquitectura de los chips. Fue una red de colaboración internacional, construida durante décadas.
Hoy, TSMC fabrica chips para gigantes como Nvidia o Apple – empresas que prefirieron enfocarse en el diseño porque construir sus propias plantas les hubiera costado una fortuna. Y es aquí donde México puede encontrar su oportunidad.
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¿Dónde queda México en el mapa de los semiconductores?
Seamos honestos: actualmente, México «no pinta en el mapa» de semiconductores, según Jauregui. Y no es porque no tengamos capacidad – somos líderes en manufactura de automóviles y electrodomésticos.
El problema es que no existe un ecosistema robusto que provea todos los insumos necesarios antes de fabricar un solo chip.
Sin embargo… hay luz al final del túnel. Estados Unidos tiene un déficit brutal de 27,000 ingenieros especializados en semiconductores.
Para su planta en Phoenix, Arizona, TSMC tuvo que importar talento directamente desde Taiwán. ¿Ves hacia dónde va esto? México puede convertirse en el proveedor de talento que la región necesita desesperadamente.
Jauregui señala que el país tiene una oportunidad única de jugar un papel similar al de Taiwán, pero como complemento de la industria que ya se está desarrollando en Estados Unidos. En Arizona ya operan dos nuevas plantas: una de Intel y otra de TSMC.
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El talento es la clave (y lo tenemos más cerca de lo que pensamos)
Aquí viene lo importante: formar ingenieros especializados en semiconductores. México necesita mapear urgentemente qué universidades y centros tecnológicos ofrecen carreras técnicas e ingenierías relacionadas con chips. Necesitamos saber cuántos especialistas se están formando y cuántos hacen falta.
El Dr. Jauregui participó en SEMICON West 2025 – el evento de semiconductores más importante de América- y ahí quedó clarísimo que las nuevas tecnologías como diseño chiplet-first, óptica co-empaquetada y herramientas avanzadas de metrología van a demandar profesionales altamente capacitados.
Y esos profesionales pueden formarse en México, especialmente en estados como Baja California que tienen condiciones competitivas únicas por su cercanía con la frontera.
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La ventana de oportunidad se está cerrando
De cara a la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el tema de los chips será prioritario.
México tiene ventajas claras sobre competidores asiáticos: proximidad geográfica con Estados Unidos, costos competitivos y la intención política de participar más activamente en la cadena de suministro regional.
El plan del gobierno contempla consolidar el centro de diseño en 2027 y la fábrica en 2029, ya sea como empresa pública, privada o mixta. Para 2030 se busca completar los tres eslabones de la cadena: diseño, fabricación y ensamblaje, pruebas y empaquetado (ATP).
Jauregui es realista: México podría comenzar la construcción formal de una planta de chips en 2026 y en cuatro años tener un volumen pequeño pero constante de fabricación. Pero no en la manufactura de obleas – que es lo más complejo y costoso – sino en la etapa de ensamblaje, pruebas y empaque (ATP).
Fuente: Milenio



