Estados Unidos ha decidido revocar la licencia especial que permitía a Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) enviar insumos clave para la producción de chips a su fábrica en Nanjing, China, sin necesidad de permisos individuales.
Esta medida, efectiva a partir del 31 de diciembre de 2025, marca un nuevo golpe en la mesa en la guerra tecnológica entre Washington y Pekín, e impacta directamente la cadena global de semiconductores.
¿Qué implica la medida de Washington?
A partir de la fecha indicada, TSMC tendrá que solicitar licencias para cada envío de equipos de origen estadounidense a su planta en China. Esta restricción también alcanzó a gigantes surcoreanos como Samsung y SK Hynix, quienes ya enfrentaban limitaciones similares.
El cambio no impide comercializar con China, pero condiciona cada operación a la aprobación del Departamento de Comercio estadounidense, lo que puede demorar o dificultar la logística y el suministro para fábricas que operan con tecnología extranjera.
Impacto en la producción de TSMC en China
La fábrica de TSMC en Nanjing se especializa en dispositivos de generaciones anteriores, fundamentalmente chips de 16 nanómetros o superiores —tecnología que tiene más de una década en el mercado—.
Aunque este sitio representa solo una fracción de los ingresos globales de la compañía, su operación es importante para consumidores industriales, electrónicos de consumo y sectores que todavía demandan estos componentes.
TSMC ha reafirmado su compromiso de mantener la operación continua en Nanjing y evalúa estrategias para adaptarse a la nueva regulación.
Reacciones desde Estados Unidos
La política del gobierno estadounidense tiene como meta limitar el acceso chino a tecnología avanzada, especialmente en inteligencia artificial y semiconductores estratégicos.
Con este movimiento busca restringir la capacidad de actualización tecnológica y expansión de las fábricas chinas, sin detener por completo su funcionamiento actual.
Las exenciones para otras compañías como Samsung y Hynix seguirán las mismas reglas, enfocadas en impedir la modernización de las plantas que se encuentran en territorio chino.
Expertos y voces críticas advierten que este tipo de restricciones no necesariamente frena el avance chino en la industria de chips.
Por el contrario, la presión sobre los proveedores extranjeros puede acelerar la búsqueda de autonomía tecnológica en China y fomentar la inversión en investigación local, como ya ocurrió en el pasado con empresas como SMIC que avanzaron en la producción de chips más sofisticados pese a las sanciones previas.
Fuente: BBC