La inteligencia artificial ha facilitado muchas cosas en nuestras vidas… pero también ha abierto la puerta a nuevas formas de fraude.
Resulta que algunos empleados están usando herramientas de IA para crear recibos falsos y presentarlos como gastos reales ante sus empresas. Suena como algo salido de una película, pero es una realidad que está costando millones de dólares a las compañías.
Cuando la IA se vuelve cómplice del fraude
Gracias a los modelos avanzados de generación de imágenes de gigantes tecnológicos como Google y OpenAI, crear un recibo falso que luzca totalmente real se ha vuelto casi trivial.
Ya no necesitas ser un experto en Photoshop ni tener conocimientos técnicos especiales. Simplemente le pides a la IA que genere un ticket de restaurante, taxi o lo que sea, y en segundos tienes un documento que parece completamente legítimo.
La empresa de software AppZen reveló datos alarmantes para septiembre de 2025: aproximadamente el 14% de todos los documentos fraudulentos que recibieron fueron creados con inteligencia artificial. Lo más impactante es que el año anterior esa cifra era exactamente cero.
Pero ahí no termina la historia. Ramp, una empresa fintech especializada en gestión de gastos, anunció que sus sistemas detectaron más de un millón de dólares en facturas fraudulentas en apenas 90 días.
Y advierten que conforme la IA se vuelve más sofisticada, las empresas enfrentan ataques cada vez más difíciles de identificar.
Recibos tan reales que no puedes confiar en tus ojos
¿Qué tan buenos son estos recibos falsos? Pues tanto, que los expertos recomiendan directamente no confiar en lo que ves.
Chris Juneau, vicepresidente senior de SAP Concur, lo expresó sin rodeos: «Estos recibos se han vuelto tan buenos que les decimos a nuestros clientes: ‘no confíen en sus ojos'».
Y tiene sentido, ¿no? Los recibos no son documentos complicados. Una lista de productos, precios, un subtotal, impuestos y listo. Para una IA moderna como el modelo 4o de OpenAI, que ha demostrado ser especialmente buena generando texto dentro de imágenes, crear uno falso es pan comido.
Las consecuencias son mucho más graves de lo que imaginas
Si crees que falsificar un recibo es solo una travesura que puede costarte tu empleo, piénsalo dos veces.
Misty Marris, abogada litigante y analista legal, fue clara al respecto: si se confirma que un empleado está presentando recibos falsos para que le reembolsen gastos inexistentes, eso sería absolutamente motivo de despido justificado.
Sin embargo, las consecuencias no terminan ahí. Marris explica que fabricar recibos intencionalmente para enriquecerse puede constituir robo o fraude, entre otros delitos financieros.
Y aquí viene lo realmente serio: el uso de plataformas de IA para este fin podría convertir el acto en fraude electrónico o bancario, lo que implicaría violar leyes federales en Estados Unidos.
La cantidad de dinero involucrada en estos reportes de gastos falsos también puede elevar la gravedad del delito. Dependiendo de la jurisdicción, esto podría convertirse en un delito mayor (felonía), con penas de prisión incluidas.
IA contra IA: la nueva batalla corporativa
Ante este panorama, las empresas no se han quedado de brazos cruzados. La respuesta lógica ha sido combatir fuego con fuego, o mejor dicho, IA con IA. Están desarrollando herramientas especializadas que analizan los metadatos de los documentos presentados para detectar si fueron generados artificialmente.
OpenAI, por su parte, aseguró que monitorea la generación de imágenes tanto dentro como fuera de su plataforma.
La compañía cuenta con herramientas internas para verificar si las imágenes fueron creadas con sus productos y toma medidas cuando identifica violaciones a sus políticas de uso.
Además, todas las imágenes generadas incluyen metadatos estándar C2PA que indican que fueron creadas por inteligencia artificial de OpenAI.
Pero aquí hay un problema: esos metadatos pueden eliminarse con relativa facilidad, así que no son una solución definitiva. Es una especie de carrera armamentista tecnológica donde cada avance en detección es seguido por nuevas formas de evadir esos controles.
Fuente: Financial Times