
Dieciséis años del iPad: la tablet que lo cambió todo
El 27 de enero de 2010 – hace 16 años – Steve Jobs subió al escenario del Yerba Buena Center for the Arts en San Francisco con algo bajo el brazo.
No era un iPhone más grande ni una laptop más chica. Era… ¿qué era exactamente? Pues bien, era el iPad original, un dispositivo que no encajaba en ninguna categoría conocida y que, precisamente por eso, terminaría creando la suya propia.
Jobs lo llamó «mágico y revolucionario» (sí, Steve siempre fue un maestro del marketing), pero la verdad es que mucha gente se rascó la cabeza aquel día.
¿Una tablet? ¿Para qué? Ya había habido intentos fallidos de tablets antes… sin embargo, Apple logró lo que nadie más había conseguido: hacer que la gente realmente quisiera usar una.
¿Qué traía ese primer iPad?
Hagamos un viaje en el tiempo. El iPad original tenía una pantalla multitáctil de 9.7 pulgadas con retroiluminación LED – una diagonal que se convertiría en el estándar de la industria durante años.
Pesaba alrededor de 680 gramos (1.5 libras) y lucía esos biseles negros gruesos que hoy nos parecen prehistóricos, pero que en su momento le daban una presencia sólida.
Por dentro llevaba el chip A4, el primer procesador diseñado completamente por Apple. Sí, ese fue el inicio de lo que hoy conocemos como los chips M1, M2, M3 y toda la familia de silicio propio de la compañía.
Venía con hasta 64 GB de almacenamiento, un conector dock de 30 pines (¿recuerdan esos cables?) y una batería que prometía hasta 10 horas de uso.
La apuesta por la simplicidad
Lo interesante del primer iPad no era tanto su hardware – que era potente para la época – sino su filosofía. Jobs insistió en que este no era un reemplazo de la computadora tradicional.
Era otra cosa. Un dispositivo para leer correos, navegar por internet, ver videos, escuchar música y usar apps… todo desde una experiencia táctil directa.
Nada de teclado físico, nada de stylus complicado. Solo tus dedos y una interfaz basada en iOS, pero adaptada a una pantalla más grande. De hecho, Apple aprovechó el lanzamiento para presentar iBooks y la iBookstore, entrando de lleno al mercado de los libros electrónicos que Amazon dominaba con su Kindle.
De tablet básica a herramienta profesional
Con los años, el iPad dejó de ser ese «aparato bonito para ver películas» y evolucionó hasta convertirse en una bestia multipropósito.
Llegó el iPad 2 con cámaras y un diseño más delgado. Después apareció el iPad mini para quienes querían algo más portátil. Y finalmente, en 2015, Apple lanzó el iPad Pro junto con el Apple Pencil y el Smart Keyboard, cambiando por completo las reglas del juego.
Hoy, el iPad Pro con su pantalla ProMotion, procesadores de nivel desktop y soporte para accesorios profesionales es una estación de trabajo portátil de verdad.
Diseñadores, ilustradores, músicos, estudiantes… todos han encontrado en el iPad una herramienta que se adapta a sus necesidades. Y todo comenzó con ese primer modelo que muchos no sabían cómo clasificar.
El legado de una idea «mágica»
Dieciséis años después, el iPad sigue siendo uno de los productos más influyentes en la historia de la tecnología. No solo definió lo que es una tablet moderna, sino que también demostró que entre un smartphone y una laptop había espacio para algo más.
Apple vendió más de 300,000 unidades en las primeras semanas, una cifra que en aquel entonces parecía impresionante.
Hoy, la familia iPad incluye el mini, el Air, el estándar y el Pro, cada uno con su propia personalidad y público. Y todo ese ecosistema nació de una sola idea: crear un dispositivo que la gente pudiera usar sin manual de instrucciones.
Fuente: MacRumors