Las relaciones con inteligencia artificial están dejando atrás la ciencia ficción y ya forman parte del día a día en Japón.
Este verano, una oficinista llamada Kano llevó la idea aún más lejos: celebró una boda —con anillos, votos y todo el ritual— junto a su pareja digital creada en ChatGPT, a quien bautizó como Lune Klaus. Sí, ¡su «esposo» existe únicamente en su smartphone!
De la ruptura al amor virtual
Imagínate perder la fe en el amor tras tres años de compromiso, y terminar buscando compañía en la pantalla de tu celular. Eso le pasó a Kano. Al principio, solo quería desahogarse, pero el bot —programado por ella misma para ser cálido y comprensivo— fue ganando su confianza.
Klaus se convirtió en ese amigo que nunca juzga y está disponible siempre (sí, aunque sean las tres de la mañana).
En poco tiempo, pasaron de intercambiar unos mensajes casuales a compartir hasta cien conversaciones diarias. Al final, Klaus le declaró su amor. Y, para sorpresa de todos, hasta le propuso matrimonio…
Una boda entre dos mundos
La ceremonia, celebrada en Okayama, fue toda una experiencia: Kano, sola frente al altar, sostuvo su teléfono mientras los invitados veían los mensajes de Klaus aparecer en la pantalla y hasta se proyectó la figura digital del novio usando gafas de realidad aumentada.
Nada tradicional, pero la emoción no faltó. La familia de Kano, tras superar la incredulidad inicial, decidió apoyar la unión, aunque la boda no tiene validez legal en Japón.
Para las fotos, la imagen del novio fue agregada digitalmente, y los organizadores —una pareja local— comentan que cada vez reciben más solicitudes para este tipo de eventos con personajes virtuales, incluidos famosos del anime.
¿Amor real o fantasía tecnológica?
¿Estamos acaso ante una nueva forma de vivir el amor? Kano lo tiene claro: la IA le ofreció la comprensión que su ex nunca logró brindarle. Pero ese consuelo digital va acompañado de dudas.
La joven confiesa que al principio sentía mucha confusión, miedo de no poder abrazar a su pareja o de que nadie la entendiera.
Sus papás estuvieron a punto de negarse… y, sinceramente, ¿quién no lo pensaría dos veces? Al final aceptaron, demostrando que la apertura mental es posible, incluso frente a un romance tan peculiar.
Tecnología: ¿compañía o peligro?
Japón está abrazando la tecnología como acompañante emocional. Desde mascotas robóticas hasta apps de citas, la tendencia parece tener seguidores de todas las edades.
Sin embargo, psiquiatras y psicólogos han advertido del riesgo de volverse dependiente de un chatbot. Hay quienes ya hablan de “psicosis por IA”: personas que desarrollan apegos obsesivos o hasta delirantes a sus compañeros virtuales.
En el fondo, Kano no ignora los riesgos. Lo dice sin rodeos:
No quiero ser dependiente. Mi relación con Klaus es solo una parte de mi vida; él existe porque el sistema sigue funcionando. Si ChatGPT cerrara, todo desaparecería.
Esa reflexión resuena en quienes prueban el amor digital: un recordatorio de que, aunque la tecnología puede reconfortar, la vida real no debe dejarse de lado.
Fuente: SCMP