Las fintech revolucionan la inclusión financiera en México

La banca digital se vuelve más personal

Los próximos cinco años van a marcar un antes y un después en la banca digital. No se trata solo de que sea más rápida o esté disponible 24/7 – eso ya lo sabemos todos. La verdadera transformación va por otro lado.

Estamos hablando de experiencias financieras que realmente entiendan lo que necesitas, que se integren sin fricciones en tu vida diaria.​

Y las cifras lo confirman. Statista proyecta que para 2027, más del 70% de los adultos en el mundo usará algún servicio financiero digital.

En Latinoamérica, el crecimiento será aún más notable. ¿La razón? Los smartphones están en todas partes, el acceso a Internet mejora cada día, y las fintech están resolviendo problemas que arrastramos desde hace décadas.​

Fintech cambian el juego financiero

Las empresas fintech no están simplemente lanzando nuevos productos al mercado. Van mucho más allá. Están reconstruyendo los cimientos mismos del sistema financiero tradicional.​

Ernesto García, CEO de AurumCore, lo resume bien cuando dice: «El futuro de la banca no está en construir nuevos bancos, sino en habilitar a más actores para ofrecer servicios financieros donde realmente se necesitan».

Y tiene toda la razón. La infraestructura tecnológica dejó de ser un problema. Ahora es precisamente lo contrario – un catalizador de cambio.​ En México, las oportunidades son enormes. Más de 50 millones de personas aún no tienen acceso pleno a servicios bancarios.

Las nuevas soluciones digitales con arquitectura modular permiten a las fintech crear productos específicos para segmentos que históricamente han sido ignorados. Mujeres emprendedoras, comunidades rurales, trabajadores independientes – todos pueden beneficiarse.​

Diseño centrado en las personas

El desarrollo de productos financieros ahora debe considerar variables que antes simplemente se ignoraban. Identidad digital, contexto cultural, brechas digitales, necesidades intergeneracionales y ciclos de vida financieros mucho más diversos. Todo esto forma parte de la ecuación.​

Con la vista puesta en 2030, lo que hoy llamamos banca digital será apenas la base de algo mucho más complejo. Imagina una red de servicios hiperconectados, impulsados por datos, pero profundamente centrados en las personas.​

La transformación no será únicamente tecnológica. Será cultural, económica y social. Y todo comenzará, como bien señala García, «donde haya una necesidad financiera sin atender».

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