Las órbitas terrestres están cada vez más saturadas. Y ese problema ya no afecta solo a los astrónomos desde la superficie, sino que está empezando a complicar seriamente a los telescopios espaciales.
Un reciente estudio publicado en la revista Nature revela que, en menos de una década, casi 4 de cada 10 imágenes captadas por el Hubble podrían aparecer rayadas o contaminadas por el rastro luminoso de satélites comerciales.
El cielo se llena de tráfico
Los números hablan por sí solos. En 2019 orbitaban alrededor de 2,000 satélites. Hoy, a finales de 2025, esa cifra se ha disparado a más de 15,800.
Y lo peor es que esto apenas empieza: si los planes de lanzamiento continúan según lo previsto, podríamos tener más de medio millón de satélites circulando sobre nuestras cabezas en la próxima década.
Alejandro Borlaff, científico de investigación de la NASA y autor principal del estudio, lo expresa con claridad:
Mi carrera se ha centrado en hacer que los telescopios vean mejor, sean más sensibles, más precisos. Por primera vez, hemos encontrado algo que podría empeorar las cosas significativamente en el futuro.
Más que simples rayas en las fotos
El problema va más allá de una simple molestia estética. Los satélites reflejan la luz del Sol, la Luna e incluso el resplandor de la Tierra, creando estelas brillantes que pueden literalmente borrar detalles en las imágenes astronómicas.
Imagina que estás buscando pequeñas variaciones en el brillo de una estrella distante para detectar un exoplaneta que pasa frente a ella. Si justo en ese momento un satélite cruza el encuadre, esa información se pierde para siempre.
«Pierdes esa información porque un satélite pasó frente a ti», explica Borlaff. Y no, no es tan sencillo como «arreglar» la foto después: cuando eliminas una estela de satélite de una imagen, toda la información que había debajo de esos píxeles desaparece para siempre.
¿Qué telescopios están en riesgo?
El equipo de investigación utilizó simulaciones para predecir cómo se vería afectado cada observatorio. El Hubble, que tiene un campo de visión relativamente estrecho, podría ver un promedio de más de dos satélites por exposición.
Pero otros telescopios lo tienen peor: el Xuntian de China, cuyo lanzamiento está previsto para el próximo año, podría encontrarse con hasta 92 satélites por imagen debido a su amplio campo de visión.
Los telescopios más alejados, como el James Webb, se salvan por ahora de este problema, ya que orbitan mucho más lejos de las constelaciones de satélites comerciales.
Intentos de solución y sus límites
Algunos operadores han intentado fabricar satélites menos reflectantes. Sin embargo, estos diseños absorben más calor y, como consecuencia, emiten más luz infrarroja, lo que crea un nuevo tipo de interferencia para los telescopios que trabajan en ese rango del espectro.
Otra estrategia es programar las observaciones para momentos y ángulos en los que haya menos satélites a la vista. Pero conforme el número de naves espaciales sigue creciendo, esta táctica se vuelve cada vez menos viable.
Hace falta coordinación global
La solución a largo plazo requerirá cooperación entre gobiernos, agencias espaciales y empresas privadas.
Ajustar las órbitas de las mega constelaciones, mantenerlas por debajo de las altitudes donde operan los telescopios científicos o establecer nuevas reglas de despliegue podrían ayudar a reducir el impacto sobre la astronomía.
«Tiene que haber una forma óptima de colocar constelaciones y telescopios espaciales para que podamos coexistir de manera sostenible», señala Borlaff.
La urgencia aumenta con cada nuevo lanzamiento. Necesitamos encontrar una manera de convivir… antes de que nuestra ventana al universo se cierre definitivamente.