En el sur de Francia entre campos de lavanda y colinas tranquilas, cerca de Cadarache, se está construyendo una máquina gigantesca. Su objetivo es tan ambicioso que cuesta creerlo: crear un Sol en la Tierra.
El proyecto se llama ITER (Reactor Termonuclear Experimental Internacional). Treinta y cinco naciones colaboran en esta locura científica que, si funciona, podría cambiar para siempre la forma en que obtenemos energía. Nada de combustibles fósiles, nada de emisiones de carbono, solo energía limpia
Replicar el poder de las estrellas
La idea detrás del ITER es, en esencia, copiar lo que hace el Sol. En lugar de dividir átomos como hacen las centrales nucleares tradicionales, el reactor los fusiona. Cuando dos núcleos de hidrógeno ligero se unen, liberan una cantidad brutal de energía. Suena simple, ¿verdad? Pues no lo es.
Para que esa fusión ocurra, hay que alcanzar temperaturas impensables. Hablamos de más de 150 millones de grados Celsius… diez veces más caliente que el centro del Sol. Y aquí viene el problema: ¿cómo mantienes algo tan caliente sin que lo destruya todo a su paso?
Ahí entra en juego el Tokamak, una máquina con forma de rosquilla gigante. Dentro de esa estructura, el plasma flota suspendido en el vacío gracias a campos magnéticos tremendamente potentes.
Para que funcione, esos imanes deben enfriarse a −269 °C, apenas cuatro grados por encima del cero absoluto. Es decir, dentro del mismo reactor coexisten el calor extremo y el frío extremo.
La obra de ingeniería más compleja del planeta
Este no es un proyecto de un solo país. Treinta y cinco naciones, incluyendo China, Japón, India, Rusia, Estados Unidos y todos los miembros de la Unión Europea, están poniendo recursos, cerebros y dinero en esta apuesta. Es una de las colaboraciones científicas más grandes de la historia.
Más de 10.000 científicos e ingenieros trabajan coordinados como un ejército. Cada pieza del reactor se fabrica en un continente diferente.
Los imanes vienen de Japón, las estructuras de Italia, los componentes criogénicos de España, los sistemas de vacío de Alemania. Todo debe ensamblarse con una precisión milimétrica, porque el más mínimo error puede arruinar años de trabajo.
Desde 2011, investigadores de la Universidad de Durham han probado más de 5.500 muestras de cables superconductores y realizado 13.000 mediciones. Cada hebra debe resistir fuerzas magnéticas descomunales sin romperse.
Un ingeniero del proyecto lo resumió así: «ITER es más que una máquina. Es un testimonio de lo que el ser humano puede construir cuando decide mirar hacia el mismo horizonte«.
Avances recientes y el camino hacia 2035
El ITER ha tenido retrasos y sobrecostos. Originalmente se esperaba que el primer plasma se lograra en 2020, pero la nueva programación apunta a 2035 para las operaciones con plasma de deuterio. A pesar de los obstáculos, el proyecto está avanzando más rápido de lo esperado en algunas áreas.
En diciembre de 2025, la 37ª reunión del Consejo ITER reportó un progreso significativo. El Director General Pietro Barabaschi informó que el proyecto va adelantado respecto al calendario actualizado y el gasto es menor al anticipado.
Se han completado todos los imanes toroidales, uno de los componentes más difíciles técnicamente. También se terminó el edificio de control en octubre de 2025.
El objetivo final es operar a 500 MW de potencia durante al menos 400 segundos continuos, con solo 50 MW de entrada para calentar el plasma. Si funciona, será la primera vez que un reactor de fusión genera más energía de la que consume a gran escala.
Fuente: MHI