La línea entre lo que vimos en el cine y lo que sucede en los laboratorios de tecnología se vuelve cada vez más borrosa. Esta vez, sin embargo, el salto da un poco más de vértigo que emoción.
Foundation, una startup con base en San Francisco, acaba de presentar al mundo su proyecto más ambicioso (y polémico) hasta la fecha. Se llama Phantom MK-1, y es un robot humanoide pensado específicamente para operar en zonas de guerra.
Del cine a la realidad
Foundation no oculta de dónde viene la inspiración. Sankaet Pathak, CEO de la compañía, lo dijo sin rodeos en una entrevista con NewsNation: «el futuro de la guerra serán videojuegos de la vida real«.
La frase suena provocadora, pero resume perfectamente su visión. Humanos controlando máquinas letales desde una ubicación remota mientras la inteligencia artificial calcula rutas, trayectorias y objetivos.
¿Suena familiar? Claro, porque es prácticamente el guion de media docena de películas de ciencia ficción.
Apariencia digna de Star Wars
El Phantom MK-1 mide 1,75 metro y pesa unos 80 kilogramos. Puede cargar hasta 20 kilos de equipo sobre su estructura metálica. Su diseño es imponente, con hombros anchos, un torso aerodinámico y una cabeza alargada que se curva hacia adelante.
No tiene rostro definido, solo una máscara negra con cámaras incrustadas que le dan un aire de droide de batalla salido directamente del universo de George Lucas.
En su interior concentra cámaras, sensores, baterías y unidades de cómputo que le permiten moverse con una fluidez sorprendente. Sus piernas están diseñadas para subir escaleras, cruzar terreno irregular y mantener el equilibrio incluso en espacios reducidos.
Diseñado para la primera línea
Pathak insiste en que el objetivo inicial del Phantom MK-1 no es ofensivo, sino defensivo. Misiones de reconocimiento, desactivación de explosivos, operaciones en zonas de riesgo extremo. Tareas donde poner a un humano sería poner una vida en juego innecesariamente.
Pero la delgada línea entre defensa y ataque es precisamente lo que ha encendido todas las alarmas entre expertos en ética tecnológica y defensores del control armamentístico.
Porque aunque la empresa promete mantener «un humano en el circuito» para las decisiones críticas, la historia reciente nos ha enseñado que esa frontera se va desdibujando con rapidez.
Un humano tomará las decisiones finales (por ahora)
El CEO de Foundation es claro en este punto. Siempre habrá un operador humano detrás tomando las decisiones críticas. La inteligencia artificial se encargará de la navegación y el análisis del entorno, pero no del disparo. El Phantom no apretará el gatillo por sí solo.
Sin embargo, Pathak también trazó una «progresión natural» hacia versiones armadas. Primero, robots no letales como ojos y orejas en el terreno. Luego, unidades con armas montadas, granadas y cosas así.
Lo que hoy parece supervisión podría, en unos pocos años, convertirse en automatización silenciosa. Eso es lo que preocupa.
Más fuerte, más rápido, más resistente
Pathak lo describe como «más rápido, más fuerte y letal» que cualquier humano. Su meta es producir 10 000 unidades antes de 2026, una cifra que suena a fantasía pero que refleja el ritmo acelerado con el que avanza este sector.
El Phantom MK-1 utiliza actuadores de contacto rodante (rolling contact gearboxes), una tecnología propietaria que Foundation afirma que ofrece entre 90% y 95% de eficiencia energética, frente al 50%-60% de otros sistemas. Esto le otorga mayor densidad de torque, menos calor y desgaste, y una mayor capacidad de carga.
A diferencia de otros humanoides que usan LiDAR, el Phantom confía exclusivamente en cámaras para navegar. Pathak argumenta que esto reduce la complejidad del sistema y evita conflictos entre datos de sensores diferentes. Es un enfoque inspirado en Tesla, que también apuesta todo a la visión por cámara.
Fuente: Humanoid